viernes, 30 de enero de 2009

Carla, reportaje a una gran actriz.



Revista GENTE

Fecha de la nota: 27/01/09

Carla Peterson

“Soy pudorosa

 pero muy pasional”

A los 34 se convirtió en la actriz del momento gracias a los sucesos de Lalola, primero, y Los exitosos Pells, ahora. Sin embargo, dice que no sufre la fama e incluso que el público puede convertirse en un remedio “antidepre”. En pareja –y conviviendo– con Julien, un publicista francés de 31 años, recorre sus comienzos artísticos, confiesa sus complejos físicos y disfruta que se la considere entre las mejor vestidas de la Argentina.

 

Supongamos que despertara en media hora y la partida se interrumpiera, agradecería. No le pido más a mi carrera... Me han tocado buenas cartas y creo haberlas jugado con inteligencia. Lo que venga será una yapa”. Esta nota arranca por el cierre de la entrevista. Acaba de caer el crepúsculo (hay estrellas, leve brisa, sonido de mar) y en la galería de la casa de una amiga de Carla Constanza Peterson, la intensidad del candelabro ya no permite distinguir los renglones del anotador del periodista. “Me aterra meter la mano adentro del vaso”, bromea ella –descalza, en un vestido crema, oliendo a Calèche, de Hermès–, temiendo confundir su gaseosa y la vasija de maníes. “¿Prendo las luces?”, consulta sentada sobre un cómodo camastro. “No, así está bárbaro”, intentamos no romper la magia de una noche de confesiones; noche que hora y cuarto atrás había comenzado con una pregunta concreta…

–¿Cómo llegó a convertirse en la actriz del momento, exhibiendo el golazo internacional de Lalola, ayer, y ahora, Los exitosos Pells (de lunes a jueves a las 21.45 por Telefe)? 
–Después de Lalola no pretendía volcarme a la televisión el resto de 2008. Pero surgió el increíble proyecto de los Pells y, de repente, en julio, a tres meses de bajar las revoluciones, reincidí. No podés rechazar una gran idea… Tampoco sé si soy la actriz del momento. Sé que llegué paso a paso; en realidad, pasito a pasito. Porque no recuerdo, incluso en mi niñez, que mi corazón apuntara a ninguna vocación alejada de lo artístico.

–Rebobinemos: ¿qué recuerda de aquella niñez? 
–Hermosa. Nací el 6 de abril de 1974 en la ciudad de Córdoba, donde papá estudiaba Aviación. A los dos años y monedas nos mudamos a Buenos Aires, a San Cristóbal, y luego a Recoleta. Mamá, una italiana que ancló a los 12 y aprendió castellano acá, soñaba con recibirse de abogada. Lo logró, la luchadora. Soy hija de María Rosa y Carlos y hermana mayor de Fernanda, Sergio y Rosalía. Y no me preguntes edades, fechas raras y cosas así, que me mareo.

–Aceptado. ¿Y cuándo se cruzó en su camino “lo artístico”
–Admito que mis doce temporadas en el Santa Unión, de la Capital Federal, influyeron. Escuela para mujeres, doble turno, la libertad de plantear y concretar obras, musicales. Me calcé una peluca colorada en Annie, personifiqué a Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia, intervine en La novicia rebelde. Ahí me recibí de bachiller humanista especializada en Letras. Terminé, cursé Dirección de Arte y llegó la sugerencia de los viejos: 
“¿Aparte vas a estudiar algo, no?”. Planteo serio ante mi eterno maestro de teatro, Miguel Guerberof (respira profundo). “¿Qué hago?”, lo encaré. “Lo que piden tus padres. Anotate… y no vayas”. Acaté. En marzo me llamaron de Montaña rusa y zafé. Un día de aburrimiento marcó mi futuro.

–¿Perdón..? 
–Había hecho el casting siendo rubia platinada. Cierto día probé un color de cabello, se me fue la mano y me quedó violeta. Pronto me crucé a la productora del casting. 
“Hola. ¡Te cambiaste el tono! Justo que necesitamos a una chica de pelo oscuro”, me comentó. E interpreté a María. Repito, un día de aburrimiento me llevó a sumergirme en un ciclo popular. Siento que los caminos están trazados y la vida te lleva adonde ella decidió que debés ir.

–¿Puntualmente a qué se refiere? 
–Yo, a los 15 años, ya daba clases de baile. Con 18 volé a Nueva York y Los Angeles para perfeccionarme. Me contrataron de Feliz domingo y de Dance party (1992), los dos en Canal 9. Miraba a Andrea Del Boca, aunque deseaba convertirme en Ginger Rogers o Debbie Reynolds. Parecía que lo mío era la danza. Hasta que tras varios bolos, en el ’93 conocí a Guerberof, en 1994 me llamaron de Montaña rusa y cambió el viento. Hoy te metés en el buscador Wikipedia, tipeás mi nombre y aparece: 
“Actriz dramática y cómica argentina”. Se me infla el pecho.

–Explíquenos por qué suspiró cuando nombró a Miguel Guerberof. 
–El me enseñó, me dio la confianza para animarme a roles variados y bravos… Lo conocí a mis 19 años, participé en numerosas de sus obras y nunca lo olvidaré. Murió a los 67... Tomo mis elecciones laborales acordándome de él.

–Notable. ¿Y en qué otro aspecto pone énfasis, por ejemplo, al aceptar o no propuestas de la pantalla chica? 
–Sé que no siempre formé parte de programas divinos, pero traté. Pacientemente. Así logré encabezar Lalola. Hablo de elegir contenidos respetuosos, mostrar lo necesario. Lo más hot que hice fue una escena con Romina Gaetani en Mujeres asesinas. Pedí que se viera un poco la espalda, un poco de bombacha, pero nada de lolas. En la lista de situaciones que me ponen feliz, el desnudo no figura.

–¿Declara algún complejo físico? 
–Declaro mis caderas. Las caderas no mienten. Tengo las curvas de una latina. El problema es que doy escandinava (carcajada). El pantalón de tiro corto me queda… corto. Necesito agregarle un elástico onda cinturón. No importa, así me obligo a poner ropa ultra femenina.

–¿Oyó que se la considera entre las damas mejor vestidas del país? 
–Lo leí, lo leí. ¡Gracias! Adoro la ropa. Ojo, no colecciono. Sí zapatillas Adidas, de las que tengo muchísimas. Aunque no decidí probar con una asesora de vestuario, me rodean talentos que me ayudan un toco.

–¡Regálese algún mérito...! Quien va inmersa en su indumentaria debe poseer sus encantos... 
–Me gusto. He salido favorecida. Ni siquiera pienso en cirugías. A los 50, quizá lo haga. Seguro, no me tocaría mi cara. Mido 1,69, peso 58 kilos, calzo 39, me mantengo sana, corro, tengo dos hoyitos de varicela entre las cejas, ojos verdes y una linda imagen.

–Mire, los mismos ojos que su novio, Julián Hyvrard (31). ¿Casualidad? 
–Divina casualidad... Mi simple, encantador y sorprendente novio. Lo descubrí el 10 de agosto de 2007 y casi desde esa fecha convivimos en el tres ambientes palermitano que me compré a los 23. Nos cruzamos gracias a una persona en común. Lo vi y reaccioné: 
“¡Epa!”. Acababa de llegar de Francia, enviado como director para Latinoamérica de Renault. No me conocía. Siento que es el hombre de mi vida, algo que jamás antes sentí por un caballero.

–¿Cómo se definiría a una mujer que salió con varios hombres? 
–Eeeeh... Si en nuestra sociedad llamamos mujeriego al hombre que salió con varias mujeres, ¿llamaríamos 
“hombreriera” a la mujer que salió con varios hombres?

–¿Entonces? 
–Okay, reconozco que he sido 
“hombreriera”. Tuve mis noviazgos (risas).

–Sin embargo, parece que apareció “el” hombre, el futuro padre de sus hijos. 
–Ojalá. Porque si bien a esta altura no voy a ser como Caroline Ingalls, a un par de niñitos quisiera llegar. Quizá si nace un varón le ponga Miguel, por mi maestro y por Mike (Amigorena).

–Sigamos. ¿Además de hombreriera, cómo es? 
–Seductora, pudorosa, muy pasional, fanática del jazz, el cine y los cantantes italianos, el agua y las cremas corporales. Aceptable chef y amante-responsable de la comida (no ingerir harinas me pone de mal humor; les escapo a los fritos y las grasas). Adicta al celular y bastante ajena a la Internet. Simpática y divertida… Soy una chica Ortega (el dueño de la productora Underground), y me enorgullece acompañar al tipo que creó Lalola y Los exitosos Pells. Sebastián emana creatividad.

–¿Fóbica a la fama, el aplauso y la exposición? 
–Previo al inicio de las grabaciones de Los exitosos Pells, le consulté a Mike: 
“¿Estás preparado para tu último fin de semana de anonimato?”. No me mortifican la fama, el aplauso ni la exposición. Será una hipócrita si lo dijera. Son piolas para nuestro trabajo. Le recomiendo a la gente conocida, ante un bajón, salir a la calle para levantar su autoestima. Yo lo cultivo, y ante el primer“¡Idola!” que escucho a mi paso, se me cambia la cara. Una excelente medicina “antidepre”.

–¿Antidepre? Anticípenos cómo encarará su porvenir profesional, superados tamaños sucesos, para no caer en nostalgias pronunciadas. 
–Ufff. Lo único clarito es que en junio cerraremos los cientocincuenta capítulos de Los exitosos Pells y que antes, en marzo, es decir ¡dentro de muy poquito!, llegará el estreno de La ventana, película basada en el escritor ruso Anton Chéjov, que rodé con Carlos Sorín. ¡Otra! Incluso eso. No suele filmar con actores y me eligió… ¿Te das cuenta ahora por qué digo que si despertara en media hora y la partida de cartas se interrumpiera, sólo agradecería?



 



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